Cuando se acercaba la fecha para reincorporarme a mi trabajo, me sentía agobiada porque no quería dejar a mi hijo; sin embargo, días después de haber regresado comencé a disfrutar, me encantaba sentir que podía ser más que una mamá. Pero luego todo cambió.


(Este texto es la segunda parte de: El difícil regreso al trabajo durante la lactancia)

Desde antes de estar embarazada siempre dije que si me era posible dejaría de trabajar para dedicarme a mi bebé. Hay mujeres que piensan igual que yo y hay otras que no, lo cual es perfectamente normal.

Al regresar a la oficina, disfrutaba mi trabajo, pero no la convivencia con mis compañeros y compañeras. Parece que en los empleos le tienen fobia a las mamás, nos miran feo, nos dicen cosas hirientes y hay personas que dudan de nuestras capacidades.

Los sacrificios de ir a trabajar

Mi trabajo estaba lejos de mi casa, en las mañanas hacía dos horas de traslado y en las tardes casi tres; siempre andaba corriendo para que no se me hiciera tarde para llegar a la oficina, ni para llegar a casa.

Todos los días agendaba mis actividades laborales para que no se me pasara nada y entregaba antes de retirarme, y aún así, parecía que siempre les debía algo, me veían feo por no quedarme más tiempo, así no tuviera nada más que hacer.

Poco a poco fui sintiéndome incómoda con esas situaciones, así que volvió a mí la idea de renunciar, ya que ahí era una empleada reemplazable y para mi hijo era una de sus personas más importantes. No, no fue nada sencillo, tuve que analizar muy bien los pros y los contras.

Primero, mi esposo y yo hicimos números para ver si era posible para nosotros prescindir de mi salario. Después analicé muy bien qué tanto confiaba en mi pareja, ya que mi independencia económica iba a desaparecer y ahora dependería de él, y por último, pensé mucho sobre cómo me sentía en cuanto a mi trabajo.

Sí nos era posible exceptuar mi sueldo, confiaba plenamente en el hombre que elegí como pareja y no, ya no era de mi total agrado el lugar en el que laboraba, llevaba mucho años ahí y ya sentía que necesitaba otros aires, así que la decisión se había tomado.

Lo dije hace tiempo y lo repetiré cuantas veces sea necesario, soy una mujer privilegiada por tener la oportunidad de decidir. Muchas compañeras de trabajo me decían que ellas preferirían estar en casa con sus hijos, pero que la situación económica no se los permitía.

También sé que hay mujeres que desearían trabajar pero no lo hacen porque les han hecho creer que eso las convertirá en malas madres por “abandonar” a sus hijos.

Y renuncié…

Cuando presenté mi renuncia a mis superiores (todos hombres), les pareció inadmisible que renunciara para dedicarme a cuidar a mi hijo, casi casi me dijeron que esa no era un razón de peso para dejar el trabajo. El “mero mero” me dijo: “no Jacqueline, mira, mejor vete a estudiar una maestría, si quieres hasta el doctorado y cuando termines aquí te estaremos esperando, pero solo cuidar a tu hijo no, aprovecha el tiempo”.

Sí señoras, la misma cara puse yo, y me costó trabajo entender por qué para ellos era poco cuidar de mi hijo, aunque después de pensarle tantito lo entendí: ellos pasan su día entero en la oficina, viven para trabajar, no tienen ni la más remota idea de lo que implica cuidar y criar niños, por eso para ellos era como si yo me fuera para hacer nada.

Cuando ellos llegan a su casa, solo saben que sus hijos están dormidos, que hicieron la tarea, que fueron a la escuela y listo, no reparan en las demás situaciones que se pueden presentar y, siendo honesta, pareciera que creen que todo eso pasa como por arte de magia, sin que alguien esté detrás.

Al darme cuenta de esto sentí una profunda tristeza por cómo es vista la maternidad por gran parte de la sociedad, ya que, aunque es una chambota, no se le da el valor que en realidad tiene.

Por si se lo preguntan, sí, después de dos años comencé a extrañar trabajar, comencé a extrañar ese sentimiento que me hace saber que soy capaz de hacer muchas cosas, pero también sé lo valioso que es mi tiempo y no quiero pasarlo en una oficina; por lo pronto, gracias a este proyecto y a @mamafuera.deservicio.mx puedo combinar dos de las cosas que más disfruto: escribir y la maternidad