El sueño más grande que ella tenía se cumplió y olvidó como ser todo lo demás. Existe una línea muy delgada que debemos cuidar de no cruzar porque puede terminar en separación, es el momento exacto en el que nos enfocamos únicamente en ser mamás y nos olvidamos de ser pareja y mujer.


Si eres como yo, seguramente odias la palabra “reemplazo”… empecemos a hablar de nuestra pareja.  Durante el noviazgo, estamos en el primer lugar del otro, no tenemos ojos para nadie más y el tiempo lo dedicamos sin interrupciones… ¡imagínate lo increíble que es!

Ser novios definitivamente es la mejor etapa en una pareja, básicamente todo es miel sobre hojuelas y los pleitos son del tamaño de un grano de arena, aunque en el momento no lo parezca. (¡DRAMA, DRAMA, DRAMA!)

Después viene el matrimonio, o unión libre, y los hijos.  ¡Vaya cambio! ¿No crees? De ser dos, pasamos a ser 3 y si eres de las que quiere formar un equipo de fútbol, el dígito va aumentando.

Y cuando llegan los hijos

Esa ligera línea de la que te hablé al inicio de este texto, es básicamente centrarnos en nuestros hijos y olvidar por completo a nuestra pareja ¿te suena? A veces, lo hacemos inconscientemente, pero hay ocasiones en que lo sabemos y lo peor de todo es que no hacemos nada al respecto.

No tengo nada en contra de las mujeres que su sueño es ser mamá, de hecho, ese también era mi sueño. Lo que me causa ruido es que pensamos que tenemos que elegir entre ser mamá, pareja o mujer.

¿Qué es lo que pasa?

Nos empezamos a descuidar (hablo del aumento de kilos y de nuestro mejor aliado, los pants y el chongo); nos olvidamos de cumplir aquellas metas personales y profesionales que ayer teníamos y que hoy ni siquiera recordamos; le damos la bienvenida a nuestro peor carácter y la cereza del pastel, interactuamos cada vez menos con nuestra pareja, y si conversamos, es únicamente sobre nuestros hijos.

Todo eso trae como consecuencia inseguridades, que por no sentirnos bien con nosotras mismas empezamos a celar, intensear y a llevar al límite nuestra relación de pareja, parecería que lo peor de todo se llama separación, pero ahí no termina el problema de haber cruzado esa ligera línea, después nos convertimos en esas mamás controladoras con nuestros hijos que alucinan y después ni nos quieren ver (otro tema que después trataremos aquí).

El caso es que si llegas a cruzar esa ligera línea, en pocas palabras tu vida se desmoronará, tu pareja no entenderá qué fue lo que pasó, porque para él su vida siguió siendo la misma, en lo profesional, escalando los niveles para llegar a su puesto ideal y en lo social, saliendo con los amigos y haciendo uno que otro viaje sin preocupaciones de qué hacer con los hijos, no entenderá que tuviste que elegir entre ser mamá, pareja y mujer.

No es necesario elegir solo una opción

Te digo algo, no hay que escoger entre uno y otro. No tenemos que dejar de ser pareja y mujer porque nos convertimos en mamás. Una cosa no está peleada con la otra, ¿Dónde dice que se tiene que elegir? ¿Por qué elegimos? ¿Qué pasa con nosotras que no creemos que podamos ser capaces de ser todo al mismo tiempo?

Claramente, hay momentos en la maternidad que no podemos ni con nuestra vida y es totalmente válido, a todas nos pasa, creemos que no tenemos tiempo para nada más que ser mamás, y si, es verdad, pero eso es temporal.

Que haya días en que no te dé tiempo de bañarte, es temporal; que estés pegada al bebé dando pecho 24/7, es temporal; que te mires al espejo y no te guste lo que ves, puede ser temporal; que no te den ganas de tener sexo con tu pareja porque estás en pleno postparto, es temporal; todo lo que tenga que ver con la maternidad es temporal.

Si acabas de ser mamá por primera vez, déjame decirte que todo pasa, y que conforme va creciendo el bebé, sus necesidades van cambiando, poco a poco vas recuperando tu tiempo, tu espacio, tu cuerpo. Insisto, ser mamá no está peleado con ser pareja y ser mujer, pero tampoco puedes hacer todo tú sola. Tienes que aprender a soltar, a levantar la voz para pedir ayuda, se vale decir ¡YA NO PUEDO MÁS! y se vale aún más, pedir tiempos fuera.

Créeme que el salir de tu casa, encargar a tus hijos e irte a tomar un café o a hacer lo que te guste no te hace ser una mala mamá, al contrario, te hace ser la mejor versión de ti.

Tienes que darte tiempo para ti, esfuérzate por estar bien contigo misma, tanto de manera física, como mental, espiritual y todo lo demás. ¡No te abandones! Date ese tiempo en pareja que tanto te gustaba tener antes de ser mamá, escápate una hora o cinco días, organiza un viaje, regálense un día sin niños (si él no tiene la iniciativa tenla tú).

Dale la importancia a las cosas que se la merecen, no dejes para mañana lo que está en tus manos hacer hoy. Que no exista en tu vocabulario el famoso pretexto de “es que soy mamá”, de la misma forma en la que cuidas a tus hijos, cuídate a ti.

Trabaja por la vida en pareja que siempre quisiste tener, por ser la mamá que siempre quisiste ser. Se vale tener días malos, días en los que no quieras ni bañarte, días que no duermas de corrido, días que no tengas ganas de hacer el amor, días en los que emocionalmente no estés al cien, se vale, lo que no se vale es que se vuelva algo «normal”.

Empieza por hacer pequeños cambios, de verdad, no dejes para mañana lo que puedes hacer hoy, te prometo lo feliz que estarás cuando te empieces a retomar como mujer y como pareja, serás mucho mejor mamá de lo que ya eres.

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