¿Cuántas de nosotras, vamos por la vida teniendo una mala relación con la del espejo?, ¿Cuántas de nosotras no somos capaces de reconocernos, de amarnos incondicionalmente, de saber que tan valiosas somos? ¿Cómo podemos vernos más bonitas desde el interior?


Vivimos en una sociedad de prejuicios y cánones de belleza que no siempre va con lo real, tal vez siempre has estado en la cúspide de tu apariencia según tu tipo de cuerpo y no te has dado cuenta, pero como reconocerlo, si siempre estás pensando en ser una Barbie.

No es hasta que otros nos validan y nos dan un refuerzo positivo con sus palabras, gestos, comentarios y reconocimientos. ¿Cuántas de nosotras caemos en el abismo de la invisibilidad y de esa autoestima que se va deshilachando de forma progresiva?

Yo he sido una de ellas, “tengo voz de ardilla”, “soy demasiado pequeña”, “Tengo bubis enormes”, “No soy feliz como soy”, “tengo un cuerpo que no me gusta”, “no me veo bien”, “detesto mis dientes,”, “tengo muchos kilos de más”, “desde el embarazo no he recuperado la figura”, “nunca me acerco a los demás”, “tengo miedo de que me juzguen”, “todos mis amigos tienen pareja menos yo…”, ¿te suena alguna?

Este es el diálogo que mantenemos habitualmente con nosotras mismas. Esta forma de hablarnos se convierte en una especie de auto sabotaje que crea inseguridades, merma la autoestima y sacrifica el amor propio.

Es por eso que vamos por la vida con máscaras para poder protegernos, pretendiendo imitar a alguien que nos dijeron que era exitoso o porque hay distintas necesidades básicas que no hemos cubierto y tampoco nos hemos dado cuenta.

Buscamos satisfacer la necesidad de seguridad y nos tratamos de proteger con una imagen de somos muy rudos o con la máscara que no me lastima nada, poniéndonos un caparazón en nuestros corazones para protegernos o bien buscamos satisfacer la necesidad de tener algún tipo de reconocimiento con tus jefes en tu trabajo o tal vez con tal de tener estima en nuestra vida, tenemos relaciones tóxicas, no importando el costo que esto represente.

Pero al final son puros parches externos que hemos creado para ser de alguna manera validados por los demás o buscar aparentar que estamos felices y contentos con lo que tenemos, aunque no sea así.

Tras cubrir todas las necesidades de déficit, se alcanza esa cúspide del desarrollo personal, esa en la que Maslow situaba la autorrealización, el mundo se ve de otra manera. Hay mayor perspectiva para entender las cosas, además de una calma en el interior con la cual transitar por nuestra realidad con mayor atino, resolución y libertad. A ojos de los demás todas esas virtudes resultan sin duda tan atractivas como deseables.

La imagen integral, tiene que ver con 3 factores sistémicos, que son:

Lo estético:

Que es lo que le pones a tu cuerpo para verte más bonita, sabiendo cuál es tu estilo, tu adecuada paleta de colores, sabiendo utilizar las texturas y telas que se adapten a tu estilo y lo que quieres proyectar.

Lo físico:

Como te alimentas y te nutres, como te cuidas, como respetas tu cuerpo, como lo aseas, inclusive como puedes hacer que tu cara se vea más radiante y joven.

Lo interno:

La parte emocional, lo que eres, hacia dónde vas, cuál es tu misión de vida.

Las tres de alguna forma se unen ya que, por ejemplo, si no tienes una buena alimentación y no nutres de manera adecuada tu cuerpo, el cuerpo puede que se ensanche (lo físico), tal vez ya no te entren los pantalones (lo estético) y por lo tanto tu autoconfianza se verá afectada y se proyectará (lo interno).

Si tu interior no es hermoso, no está lleno de buena energía, de buenos sentimientos para brindar a los demás, de valor para trasmitir, de enseñanzas para brindar, de comprensión y afecto para los demás… Seguramente tu exterior no será como tanto lo sueñas.

Saber conectar con tu parte externa con la interna es increíble, porque no irás por la vida pretendiendo ser quien no eres.